El momento del aborto libre

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Imagen: Coordinadora Feminista 8M / Julio 2018 / Santiago de Chile

Karen Glavic

 

Tiempo de feminismos

Vivimos tiempos de feminismos, qué duda cabe. Durante los últimos meses hemos visto en Chile y en América Latina, tiempos de Ni una menos, aborto libre y tomas feministas. La constante sensación de estallido con que habitamos el mundo no debe confundir: las luchas feministas tienen una continuidad y latencia histórica, no hay para el caso –ni para las luchas sociales en general, probablemente- puro acontecimiento, sino que más bien momentos de repliegue y agudización. Recuperar las memorias del feminismo y sus luchas específicas no es una insistencia por el dato, es la puesta en común de la acumulación de fuerzas y de procesos políticos sobre los cuales nos hemos desacostumbrado a mirar multidireccionalmente. Seguramente, para los sentidos que se construyen como opinión pública, esta ola feminista es un ahora, un “ahora se les ocurrió”, un “ahora ya no se puede decir nada de las mujeres”, un “ahora esto es abuso” que subsume los procesos en un presente que se agota en sí mismo sin miradas ni en retrospectiva, ni en perspectiva. El feminismo tiene hoy su tiempo, pero no es solo hoy su tiempo. Y es por eso es tan relevante que una lucha histórica como el aborto, pendiente y profundamente vulneratoria en su falta, re-emerja disputando la construcción de un sentido común. Es necesario recopilar las voces de quienes han luchado, re-hilvanar las discusiones y volver a darlas al calor de la coyuntura y aquello que demandamos e imaginamos como un por-venir.

La cerradura político-institucional de la posdictadura, así como para tantos otros pendientes democráticos, indicó durante años que no era momento para el aborto libre. Que Chile no estaba preparado, como traducción engañosa de la falta de acuerdos y voluntad política necesaria para generar un proyecto de ley que permitiera su legalización. A su vez, el traslado del feminismo más contestatario de los años de dictadura, en políticas institucionales y reorganización de los partidos tradicionales, dejó en una suerte de segunda escena a muchas mujeres que formaron su militancia feminista en dictadura,  y que vivieron un repliegue detrás de los grandes acuerdos y consensos de la primera línea masculina, que olvidó y desplazó los derechos sexuales y reproductivos como demanda activa y urgente.

En Chile el aborto es criminalizado. La evidente marca conservadora de los años de dictadura, con su ya conocido correlato de desarticulación social y eliminación de derechos básicos que lo erradicó de la salud pública, ponen en mayor relevancia la necesidad de construir consensos sociales en torno a la necesidad del aborto libre, que pueda superar la barrera de las tres causales que operan en la actualidad, y sobre todo puedan ir abriendo el camino de la reaceptación social de una realidad conocida. El aborto es una realidad, lo fue el “remedio” de antes, el misopostrol clandestino de hoy, son una realidad también los embarazos no deseados, las violaciones que en su mayoría se concentran en menores de edad y terminan en aborto, y el peso sobre la crianza y el cuidado que aún se posa mayoritariamente sobre el cuerpo de las mujeres.

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Imagen: Coordinadora Feminista 8M / Marcha 8 de Agosto / Santiago de Chile

Correr el cerco

Las organizaciones feministas que han tenido al aborto libre como lucha no han parado de trabajar durante todos estos años. Se manifiestan, elaboran campañas y realizan procesos autogestionados de acompañamiento legal, médico y social a mujeres que han decidido abortar, asumiendo la responsabilidad que el Estado evade al no cumplir con el resguardo de este derecho básico. Hoy, en el contexto de agudización de las luchas feministas y de la necesidad de profundizarlas, junto a la acumulación de fuerzas que supone que esta lucha se extienda y gane terreno por el continente, en Chile vuelve a sonar la demanda por el aborto libre, ya sea desde la calle y las organizaciones feministas y populares, como desde fuerzas políticas emergentes que tienen espacio en el Congreso. Esto no deja de ser una esperanza y también una responsabilidad. Responsabilidad en el sentido de comprometer acciones y reflexiones en torno a una disputa feminista histórica, que no se deje apropiar por la neutralización y homogeneización de los cuerpos gestantes bajo la rúbrica de un feminismo despolitizado y sin una dirección que apunte en contra del sistema de dominación.

El camino, sin duda, ya ha sido emprendido, y lo interesante es tal vez poder ir aportando a las condiciones que permitan entender que en el escenario actual de mercantilización de los cuerpos y de la vida en general, es necesario atender y revisar las nociones que manejamos en torno a la libertad de decidir. Una disputa con el modelo neoliberal debe desplazar los conceptos que lo fundan, el cuerpo propio e individual debe ser puesto en tensión, en la medida en que represente un reducto único y el espacio de la fragmentación y desarticulación social. La lucha por el aborto libre es parte de correr el cerco de lo posible sobre la política a la que hemos asistido en los años de posdictadura y profundización neoliberal, y un proyecto de desmercantilización de la sociedad es también una recuperación de los cuerpos en un para sí que nunca es totalmente individual. ¿Qué decimos, por ejemplo, cuando invocamos la soberanía sobre nuestros cuerpos como bandera? ¿Un cuerpo bajo que parámetros sociales, culturales e ideológicos se ha permeado bajo estas ideas de soberanía o decisión? Sin duda, que hay una gran parte de la disputa por el aborto libre que es cultural en un sentido amplio, que no se agota en la idea de despenalización del aborto en particular, sino que se amplía a la manera en cómo recuperamos la posibilidad de habitar nuestros cuerpos y lo colectivo de otra forma. La tarea es construir grandes alianzas políticas que puedan coordinar y hacer efectiva la aprobación de una ley que se apruebe en el Congreso, pero también hemos de pensar en proyectos colectivos que recuperen un aspecto perdido y devastado por la política neoliberal: el reconocimiento de un espacio común, de un otro que, para el caso, es un cuerpo gestante que decide en términos no de su pura afirmación individual sino que de una alianza, un sentido de lo colectivo. Otro donde reconocerse. Planteado así puede sonar una tarea titánica, pero tal vez lo que este momento del/para el aborto libre indica es que se han vuelto a generar condiciones subjetivas y materiales que permiten darle lugar a estas ideas en algunos sectores de la sociedad, del mismo modo en que hace algunos años fue posible volver a imaginar una educación complementada con el significante gratuidad. Hoy hablamos también de una educación no sexista, y es clave anudar las luchas en función de sus memorias históricas y también de aquello que delineamos como posibilidad. Aún queda mucha desazón e incomodidad por organizar; de momento tenemos fuerzas que en lo público vuelven a instalar e imaginar la exigencia de un aborto libre, legal, seguro.

Demandar el aborto libre es doblar la apuesta, pues el feminismo corre siempre el riesgo de ser apropiado en la capacidad incesante del neoliberalismo de recuperar significantes y actuar a través de semejanzas. Dar continuidad a sus luchas y mantenerse firmes en la disputa cultural y política que significa no debiera perderse de nuestro horizonte. «Chile no está preparado» ha sido una traba que las izquierdas también han arrastrado, ya sea por el contagio del discurso hegemónico, como por la evidente desarticulación de grandes fuerzas sociales que permitan sostener los momentos de irrupción política. El movimiento feminista no es solo un ahora, los repliegues de la posdictadura no impidieron que organizaciones autónomas, colectivos feministas y disidencias siguieran día a día en la tarea de recuperar un sentido de necesidad y aceptación social sobre el aborto que en Chile existió y fue arrebatado. Este es el hilo que no hay que soltar.

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Imagen: Coordinadora Feminista 8M / Julio 2018 / Santiago de Chile

Karen Gavlic es Doctoranda en Filosofía, Universidad de Chile, Compiladora del libro «Aborto libre» que será publicado a fines del 2018 en Pólvora Editorial, Santiago-Chile

 

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