HOMENAJE A JUAN CARLOS ROMERO

romero grito foto ivana vollaro

Juan Carlos Romero. Foto: Ivana Vollaro

Juan Carlos Romero y los verbos de acción

En el comedor del 5° J nunca falta el sol. Una bolsa de arpillera de café traída desde Centroamérica, donde se refugió a comienzos de la dictadura, ocupa buena parte de la pared. Las gatas siamesas exigen mimos a los visitantes. Un libro abierto abandonado sobre el sillón también reclama atención. El mate, pequeño y metálico, va y viene. Nunca salí de allí sin un nuevo proyecto. Juan Carlos Romero (1931-2017) era preciso, conciso para hablar, sin vueltas ni firuletes. Tan generoso para compartir su tremenda biblioteca y su enorme experiencia a cualquiera que se arrimara. Un motor inagotable a la hora de animar a conformar grupos y salir a la calle.

Lo conocí en 1991, cuando llegamos a ese comedor Mariano Mestman y yo a entrevistarlo sobre los inicios de su itinerario artístico y político, en los años 60. Y allí mismo nos encontramos por última vez hace un par de meses a conversar del Archivo de Artistas que conformamos como asociación civil hace unos cuatro años.

La condición indisociable entre su vida, su trabajo, su obra, su casa y su archivo es una de las claves para llegar a Romero. También su rotundo desinterés por el estrellato y el glamour tan habituales en el mundo del arte. Le provocaba extrañeza, incluso incomodidad, que lo tratasen como un mito. Mito porque estuvo allí, siendo un adolescente, en las movilizaciones del 17 de octubre de 1945. Y estuvo allí, de nuevo, en la formación del Movimiento Revolucionario Che (MR-Che), uno de los primeros grupos político-culturales de apoyo al foquismo guevarista iniciado en Argentina en los años sesenta por Jorge Masetti, el “comandante segundo”. Estuvo de nuevo implicado en la CGT de los Argentinos. Y podríamos seguir…

Si intentásemos el ejercicio de definir a Juan Carlos Romero con una única palabra, cualquier término, incluso “artista”, resultaría estrecho, insuficiente. Romero fue, es, qué duda cabe, un artista descomunal, prolífico e incansable experimentador, con una producción tan vasta como consistente, que va del grabado experimental al libro de artista, de la poesía visual al arte correo y la acción gráfica.

Pero pensar en Romero es, también, referirse al docente. Desde 1961 en su quehacer diario sostenido fue ser docente o maestro como muchos eligen nombrarlo. Su capacidad de transmisión a otros se expandió inagotable: en instancias formales e informales, en circunstancias institucionales o espontáneas, cerca de su casa o muy lejos, en cualquier punto del interior del país y muchas veces fuera. Son incontables los artistas que pasaron por sus clases, conocieron de primera mano experiencias de las que él fue partícipe directo o testigo privilegiado, se sorprendieron y ampliaron radicalmente su noción de arte y de artista, transformaron su práctica en complicidad con sus modos de hacer, encontraron en diálogo con él una clave nueva para desplegar una idea y salir del pantano.

Romero fue, de manera imposible de escindir con su producción artística y su labor docente, un prodigioso archivista. Su Archivo de Artistas es un cúmulo vivo y mutante, que se organiza con una lógica propia que es la de su sensibilidad, los asuntos a los que lo llevaba su obra, los hallazgos que encontraban sus ojos de hurgador de ferias, anticuarios y librerías de viejo. Sus incursiones, se trate de caminatas barriales o viajes por ciudades distantes, no son tanto del estilo del flâneur sino más bien del arqueólogo: provocan excavaciones, desentierros, develan lo olvidado o lo invisible.

Su archivo comienza en su casa, en ese comedor luminoso donde nos recibió a tantos, y sigue en la casa cercana que compró especialmente para albergar, organizar y abrir al público ese tesoro, que incluye desde una colección de miles de afiches y volantes políticos desde 1930 hasta cientos de libros de artistas, una colección sobre la yerba mate, otra sobre tango, otra de objetos sobre la muerte (en el retrato fílmico “Queda la palabra” que realizó María Rosa Andreotti en 2014, Romero se ríe diciendo que ahora que la muerte se aproxima prefiere no continuar esa colección) y cuántas más.

Ninguna de estas cosas está allí de modo aleatorio, y Romero tenía la memoria fresca y precisa para contarnos las circunstancias del hallazgo, las razones de la incorporación. Con generosidad incondicional, brindó siempre sus materiales a quién se acercaba. Por eso, el archivo de Romero está tan vivo: porque en él se alimenta su obra y la de otros, porque sobre sus papeles y objetos respiramos muchos. En sus atiborradas estanterías conviven un repertorio de coloridas calaveras provenientes de mercados populares con ex libris, letreros de campo con catálogos de tipografías extrañas, ejemplares de la revista-sobre Barrilete, que editó (y le entregó en mano) el poeta desaparecido Roberto Santoro, con catálogos de la actividad del CAYC, imágenes del primer Siluetazo con afiches de la resistencia peronista, serigrafías del grupo CAPataco con sobres de arte correo enviados por Edgardo Vigo…

Romero fue, además, y desde muy joven, un inquieto activista sindical: a los 17 años fue delegado de una fábrica metalúrgica en Avellaneda. Después de 1955 y hasta los años de la privatización de ENTel, fue parte de varias listas de oposición dentro del gremio telefónico. En los primeros años setenta, cuando inició su actividad docente en la Universidad Nacional de La Plata (de la que en 1975 fuera cesanteado), impulsó la sindicalización de los docentes universitarios en la carrera de Cine. Entre 1973 y el golpe de Estado de 1976, fundó y encabezó la comisión directiva del Sindicato Único de Artistas Plásticos (SUAP), breve pero intensa experiencia de agremiación alternativa que llegó a tener más de un centenar de afiliados. En este sindicato confluyeron artistas próximos a alguna variante de la nueva izquierda de la época.

Afiches diseñados por Juan Carlos Romero en 1964 como integrante de la lista opositora dentro del gremio telefónico

Romero fue, durante medio siglo, un gran articulador y promotor incansable de iniciativas colectivas de artistas. Desde la experiencia de Arte Gráfico-Grupo Buenos Aires iniciada en 1970, que se propuso socializar en plazas públicas de la ciudad las técnicas de grabado, hasta el grupo Artistas Plásticos Solidarios (que lleva quince años de participación activa en las movilizaciones, junto a Ana Maldonado, Diana Dowek, Luis Felipe Noé, Javier del Olmo, Hugo Vidal y Cristina Piffer). Es difícil encontrar un período en que no haya alentado la conformación de agrupamientos más o menos permanentes y redes de artistas dispuestos a tomar posición pública con sus acciones colectivas. Incluso a comienzos de la década menemista, Romero impulsó junto al grupo Escombros, a Hilda Paz y a muchos otros, diversas convocatorias artístico-políticas en calles y baldíos, en sindicatos y museos. Desde hace diez años integró la Red Conceptualismos del Sur, desde donde lanzamos con él por todas partes la acción gráfica “Todos somos negros”, recuperando la radical y olvidada revolución haitiana en medio de los festejos oficiales de los bicentenarios de la independencia.

Romero funcionó como bisagra o transmisor entre las experiencias de arte y política de los años sesenta y setenta y aquellas surgidas desde la posdictadura, permitiendo la conexión del legado de prácticas bloqueada por el golpe de Estado. Fue en sus clases en la Escuela Pueyrredón que muchos estudiantes, entre ellos las integrantes del Grupo de Arte Callejero (GAC), conocieron las prácticas de activismo artístico de los años ochenta.

Romero también fue escritor, que recurrió a la poesía y al ensayo, y produjo textos de batalla, manifiestos, declaraciones, críticas sobre producciones ajenas, análisis de coyuntura y sobre todo intervenciones gráficas. Convirtió en método de trabajo la apropiación de citas ajenas, textos e imágenes que arrebata a los diarios o a los libros, a la calle o a la biblioteca, ideas encontradas y resignificadas, en un programa de acción, un recurso creativo para incidir en su entorno. Fue además editor (junto a Hilda Paz y a Fernando García Delgado produjo libros sobre el arte correo en Argentina y revistas de poesía experimental como Dos de Oro o Vortex). Fue curador: ejerció ese rol en espacios institucionales como el Museo de Telecomunicaciones (entre 1980 y 1983), en una gestión que intentó de ampliar las fisuras y puntos ciegos del régimen dictatorial, al dar cabida a exposiciones que hablaban de alguna manera elíptica, metafórica o camuflada, del terror reinante. Organizó numerosísimas exposiciones colectivas e individuales en diversos espacios, reconocidos o emergentes, reales o ficcionales, desde el Centro Cultural Recoleta hasta el versátil Museo del Objeto Contemporáneo.

Lo vi más de una vez trepado a la escalera con clavos y tanza, cuando llevábamos juntos la programación de la sala “Clement Moreau” -literalmente, un garaje- en los primeros tiempos del CeDInCI (Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas en Argentina). Junto a Fernando Davis, curó en los últimos años preciosas exposiciones, entre otras “Poéticas oblicuas” en la Fundación OSDE en 2016, que develó un panorama desconocido en torno a la poesía experimental en la Argentina.

Romero fue, por sobre todo lo demás, un querido amigo. Tozudo, generoso, con un sentido del humor sutil. Quizá desde allí haya que entender, como un guiño, su último deseo: que sus cenizas sean arrojadas al Riachuelo. No al Río de la Plata, no al Océano Atlántico. Al Riachuelo. ¿Será una burla a la solemnidad de los rituales fúnebres? ¿O quería atravesar una vez más el puente hasta la Avellaneda de su infancia?

Hoy domingo lo despedimos en Chacarita. Éramos muchos, callados por la pena. Mientras caminábamos hacia el crematorio, su amiga Ivana Vollaro nos contó que al desayunar había abierto el diario y se había topado con páginas enteras ilegibles, con la tinta corrida, saturando el papel, manchándole las manos. Juan Carlos solía sentarse a leer los diarios con tijeras e iba recortando palabras, fotos, titulares, que alimentaban distintos sobres de su archivo, futuros materiales para sus obras. Supe, de golpe, que se nos había hecho más difícil el camino: leer un diario ilegible. Y enseguida intuí que él hubiera recortado incluso algunas manchas y hubiera salido con otros a empapelar las calles, una vez más.

Lo que sigue es un collage de voces amigas componiendo un abrazo múltiple al querido Juan Carlos Romero. No resulta nada casual que en todos estos ejercicios de memoria los verbos de acción aparezcan con tanta fuerza.

Ana Longoni

Imagen1

Salir a la calle

Terminado el vernissage de la muestra, salimos a la calle, algunos todavía con copas en la mano. Romero llevaba un rollo de afiches bajo el brazo, un tacho de engrudo en la mano derecha. Empezó la pegatina a todo lo largo de la avenida (era Juan B. Justo, me parece): unos cartelones amarillos, con la inscripción “Ahora somos todos negros”, una condensación del artículo 14 de la Constitución Haitiana de 1805. Unos meses después, repetimos la acción en Madrid, detrás del Reina Sofía. Siempre que hace esto, a Juan Carlos se lo ve feliz. Extrañamente, al mismo tiempo está concentrado, rigurosamente atento a lo que hace. Como si pensara: esto es muy divertido, pero también es una cosa muy seria. Sacar a la calle el arte (si se llama así: a él le importa, justamente, la acción antes que el nombre) es saltar por encima de las rayas que dibujan los dispositivos de las disciplinas que se llevan inadvertidamente inscriptas en el cuerpo: entre la alegría y la seriedad, entre el arte y la calle, todo se vuelve un territorio borroso y blando, pero donde se pisa firme. Romero termina, y alguien saca fotos de su sonrisa engrudada y pícara. Él lo hace parecer todo muy fácil, pero –aunque el clima es lúdico- sabemos que no es solo un juego: hay unos umbrales que se corrieron de lugar, unos paredones que se movieron, y la Ciudad acusa recibo con el ceño fruncido y una indecisa perplejidad. Es su premio: Juan Carlos ganó otro concurso.

Eduardo Grüner (filósofo)

Uma das minhas melhores lembranças com Juan Carlos Romero foi quando fizemos esta ação em Madri, no bairro de Lavapies, espalhando os cartazes de seu projeto”Todos somos negros”, em resposta às comemorações dos bicentenarios da América latina.
Ele havia feito uma oficina contando sobre esse projeto e uns 10 minutos depois de falar sobre “Todos somos negros” ele virou pra nós e disse “agora vamos sair na rua pra colar cartazes!”. Contando essa história assim parece não ter tanto impacto, mas eu não consigo descrever em palavras o que era ver nos olhos de um senhor como o Juan Carlos o brilho de sair pelas ruas e fazer uma intervenção. Ele transmitia muita paixão sobre aquilo que fazia. Ele poderia sair durante horas no frio com um bando de jovens pelas ruas pra fazer essas coisas. Parece que nada o impedia. Ele era incansável, um dos melhores artistas e militantes que eu já conheci na minha vida. Inspiração e prova de que arte e política andam juntas.
Hoje você nos deixou e sentiremos muita falta, querido amigo. Nesta noite, todos somos Juan Carlos Romero. “

André Mesquita

 

Digital Camera

ˆ

Saltar

Conocí a Juan Carlos en el año 2000, en La Cárcova. Era el profesor, y al poco tiempo entendí que era un artista inmenso, un maestro de la vida, un militante incansable, un hacedor de grupos, un lector ávido, un coleccionista consecuente y un amigo generoso.

Gracias (esa es la palabra que no puedo dejar de repetir, desde que escuché la terrible noticia de su muerte), gracias a sus palabras –“para trabajar en la calle hay que trabajar en grupo”-fundamos Periferia en el turbulento verano de 2002 y gracias a sus ganas inclaudicables de jugar y a la vez de molestar al mundo del Arte, inventamos el MOC en 2009.

En 2005 invitaron a Periferia a realizar una acción en la sede de Estudio Abierto que se hacía en La Cárcova. Llenamos la fuente de barro y le colgamos filminas con textos que hablaban de la memoria del Río de la Plata. Un grupo de estudiantes crónicos se sintió ofendido y quiso rompernos la obra. Juan Carlos saltó (literalmente) en nuestra defensa y terminó declarando en Prefectura y sancionado por el Rectorado del entonces I.U.N.A., lo que derivó en su renuncia. Hicimos cartas y nos movilizamos. Él nos tranquilizaba. “¿Cómo estudiantes de arte pueden atentar contra una obra?”, decía, “No puedo seguir dando clases en un lugar así”. Nos fuimos todos. Y nunca dejamos de compartir ideas, imágenes, textos y miles de proyectos. Nunca dejé de sentir la misma emoción al tocar el timbre del 5° J de la calle México.

María Paula Doberti (artista)

image

Sonreír

Nos veíamos irregularmente. A veces muy intensamente, otras de vez en cuando. Dependía de las ocupaciones de cada uno y de cuando la vida me ofrecía  el privilegio de pasar un momento juntos.  Su exposición, curada por Fernando Davis, fue un período muy intenso en el que literalmente se expuso íntegro, con toda la potencia de su obra, con las batallas que había entablado, con las heridas (y también la enorme potencia del deseo) que le produjo este país, no este Chile sino ese, Argentina 

Hacia el final fue la espera, mientras salía de un episodio de salud, para que, con Fernando Davis, realizaran la curaduría de la exposición  Poéticas Oblicuas: pudo ocuparse de la obra de sus pares, pudo ocuparse de desplegar las imágenes de un capítulo no escrito de la historia de las artes.  Según María Esther le hizo mucho bien esa tarea. Lo vimos feliz, comprometido, con asistencia perfecta, y, a veces, muy cansado.

Uno de los recuerdos que atesoro muy especialmente tiene que ver con un episodio anterior: ¿hará unos 20 años? Nos juntábamos no sé porque y llegó  con una sonrisa feliz, de esas que le hacían brillar los ojos,  pero también con algo sorpresa, de picardía y también de ironía: “vendí una obra”, dijo, sorprendido, y más se agrandaba la sonrisa: “me descubrieron”.

Allí estaba él. Una obra completa sin traicionarse, sin pensar en el mercado, una obra hecha porque así se lo reclamaba su compromiso con la vida.

María Teresa Constantín (historiadora del arte, coordinadora de Arte de la Fundación Osde)

desaparición

La desaparición, montaje de la instalación gráfica en una calera dinamitada en la calle 508 y 10 de Ringuelet (partido de La Plata, provincia de Buenos Aires), en el marco de la exposición “Todos o Ninguno” organizada por el grupo Escombros, 9 de diciembre de 1995

Embarrarse

Simpleza y practicidad era la manera con que Juan Carlos organizaba todas sus acciones. Así fue al encontrarnos en la esquina a una cuadra de su casa, cuando en plena conversación surgió la idea de hacer la muestra de Trelew en el Centro Cultural de la Cooperación (2011). Con esa sencillez decía: este afiche va acá, ponemos aquel en tal pared, ese va por allá y listo. Sin el afecto mutuo no hay hecho estético. Luego vinieron las charlas sobre poesía visual con artistas amigos, la presentación de su documental Queda la palabra (2014), y tantas experiencias como artista, curador, editor y militante agitando en grandes espacios y haciendo pegatinas por los barrios. Siempre poniéndole el cuerpo a la palabra y comprometido con las causas populares. Arrastró a embarrarse a distintas generaciones con la misma energía que hasta finales del año pasado lo llevó a organizar en su archivo un encuentro de artistas con tipografía, atento para construir colectivamente con la letra, el tipo de madera y la tinta siempre fresca en papeles precarios que nunca flaquearon, tan potentes como esa fuerza contagiosa que nos sedujo a activar cariñosamente con el afiche en mano: palabra poética y cuerpo político ocupando la calle.

Juan Pablo Pérez (artista y coordinador de Ideas Visuales del CCC)

Pulsar

Cada vez que lo visitaba o nos juntábamos en su casa para trabajar en algún proyecto, se repetía, como un rito, una misma situación. Sobre la mesa del comedor, Juan Carlos había separado algún libro o catálogo o algunos materiales de su archivo para mostrarme. “Mirá esto Fernando”, me decía contento y maravillado de enseñarme esos papeles, como si él mismo los estuviera viendo por primera vez. Lo conocí en septiembre de 2002, en el marco de una entrevista que les hice a él y a Hilda Paz. Le pregunté sobre su amistad con Edgardo Vigo, sobre el grabado experimental, sobre el arte y la política. Habló rápido, contándome todo de golpe, con la misma energía desbordante y generosa con que organizaba y mostraba su archivo, que me enseñó poco después. Le mencioné que con un grupo de amigxs y artistas de La Plata venía haciendo una serie de acciones gráficas callejeras y enseguida se interesó. Poco después nos invitó a exponer en el CeDInCI, en la sala que coordinaba con Ana Longoni, amiga a quien conocí, precisamente entonces, a través de Juan Carlos.

El proyecto de la exposición Poéticas oblicuas, que tuve el privilegio de curar junto a él en el espacio de arte de Fundación OSDE, se inició, como muchos otros proyectos que compartimos, en su archivo, entre publicaciones de poesía visual, libros de artista y otras ediciones gráficas experimentales. Juan Carlos era excesivamente meticuloso con la organización de su archivo y con la clasificación de los distintos materiales, que separaba en cajas o carpetas y etiquetaba prolijamente. Pero se trataba de una organización que estaba muy lejos del rigor del archivista profesional y, por el contrario, aparecía atravesada por la delicadeza amorosa y por la apuesta política de quien entiende que no se trata solo de guardar materiales del pasado para conservarlos, sino de construir una memoria agitativa capaz de incidir en sucesivos futuros por venir. Organizar y disponer esa memoria para otrxs, para que otrxs la usemos y la activemos en otros presentes, para que la hagamos pulsar.

Juan Carlos fue un artista lúcido y comprometido con su tiempo, un militante y un docente incansable que supo articular de manera poderosa los ámbitos de la práctica artística y la acción política. Eligió desparramar el arte y la política por las aulas y las calles. Para mí, fue también un amigo precioso e imprescindible, de esos con los que es posible aprender que, frente a la hostilidad del presente, se trata de construir colectivamente espacios de libertad desde donde inventar un mundo más habitable y vivible. Y hacerlo, además, con la misma cuidada delicadeza con la que él guardaba amorosamente los papeles de su archivo.

Fernando Davis (profesor, investigador y curador)

Capture d_écran 2017-04-30 à 07.24.16

Encontrar

Tuve la oportunidad de descubrir, compartir y aprender de dos enormes artistas argentinos: Teresa Volco y Juan Carlos Romero, que seguramente y desde la noche del sábado 22 de abril de este 2017, estarán planeando las acciones de una nueva Mutual Art-gentina. Fue en el año 1997 que desperté, junto a ellos, este camino del arte en y con la calle.

Anoche se fue, sin que pudiera despedirlo, mi querido maestro Juan Carlos Romero, el que hablaba más que rápido, el que no paraba de inventar y diseñar las obras más comprometidas y viscerales de una época que también viví. El que vino a mi cátedra de la, por aquel entonces, Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba, para inventar un libro que se llamó “Mentiras, excusas para dibujar”, el que caminó adelante del cartel “Privatizado” por las calles de Córdoba a fines de los 90, el que me enseñó el sentido de los monumentos que propone el poder político en los espacios públicos, el que me abrió las puertas de su taller-estudio y me contó infinidad de historias gráficas, el que me pasó el nombre de la imprenta de tipos móviles para hacer algunos carteles. Juan Carlos, al que honramos en la Universidad Nacional de Córdoba, entregándole el premio Cultura 400 años en agosto de 2013.

Romero, cartel y poesía, qué suerte la mía haberte encontrado.

Sandra Mutal (artista, activista sindical)

Decir /hacer

Me dedico a apropiarme de frases de otro para realizar mi obra”, me dijiste una vez.

No cualquiera puede convertir en obra  las frases de otros. Lo hiciste vos porque tu palabra nos involucró o lo que es lo mismo nos hizo participar. Todos los que te conocimos sabemos del valor que le diste a la palabra. Tu palabra siempre fue derecho, no anduvo con rodeos, fue una palabra directa y sincera. Una palabra a la que siempre le pusiste el cuerpo. Tu palabra fue acción.

Como dije durante la presentación de tu muestra en la FM La Tribu, que coincidió con tu último cumpleaños, “si la palabra -hablada o escrita- nos permite unir nuestro mundo interior con el exterior, vos, querido Juan, lo que sentís y pensás es -palabra mediante- lo que decís y haces”.

En un mundo donde la mentira y el cinismo gobiernan, es imprescindible que crezcan más Romeros.

Javier del Olmo (artista)

Violencia

Juan Carlos Romero atesoró lo íntimo como privado pero dedicó lo más preciado de sí al otro, los otros, nosotros. Fue un gran hombre público.

María Rosa Andreotti (artista)

Es difícil explicar todo lo que significas para mí, Juan Carlos, cuando a partir del 2003 formamos el grupo de Artistas Solidarios. Entender el arte desde otro lado, anónimamente en la calle, denunciando con acciones las injusticias, que sufren nuestros pueblos. Pero no solo eso, eras mi referente, mi amigo, entre mate y mate, hablábamos de la familia, los afectos y sobre todo de política. El día antes de tu internación estábamos proyectando las marchas del 8M y el 24 M y algo que te entusiasmaba mucho, la acción del centenario de la revolución de octubre. Me quedo con esa sonrisa cuando me dijiste “sigan con ese proyecto, esta vez no los puedo acompañar, pero en la próxima acción estaré con ustedes”. Y seguro que vas a estar en ese camino que emprendimos juntos. ¡Hasta la victoria siempre, querido Juan Carlos!

Ana Lucía Maldonado (artista)

Participar

Lo conocí en 1987 cuando fue mi profesor de grabado en la escuela de Bellas Artes. A pesar de nuestra diferencia en edades, unos 30 años, nos hicimos amigos casi al instante. Una de las virtudes de Juan Carlos era su horizontalidad: nunca lo vi ponerse arriba ni ejercer autoridad. Tenía un carácter fuerte con el que se hacía respetar, sin duda, pero entre amigos y colegas el respeto lo ganaba por empatía. Tenía una predisposición natural a formar grupos de proyectos, cuatro o cinco a la vez, sino más. Con frecuencia me invitaba a participar en los eventos que organizaba, “Artistas con Fotocopias”, los happenings del Grupo Escombros… En otras ocasiones, yo, con cierto individualismo, declinaba los ofrecimientos. Estoy ocupado en esto o aquello, le decía, y él venía a tomar mate a mi estudio y a charlar. Alguna vez miré con perplejidad de neófito sus obras conceptuales, los atados mensuales del diario Clarín colgando de la pared, por ejemplo, lo que Juan Carlos recibía con resignación afable, sin tratar de convencerme. Con los años, y bajo su ejemplo, comencé a pergeñar un proyecto participativo. Fue al primero que invité. Con sus 80 años, inmediatamente me dijo que sí.

Ral Veroni (artista)

Gritar

Encontré esta foto. Es una polaroid. Tenía que sacarle una foto a amigos gritando basadas en la tapa de un libro-homenaje a Glauber Rocha. 

Eran principios de los 2000, plena crisis, y recuerdo que Juan gritó muy fuerte, más que todos, como si fuera una performance, y esas manos, que tapaban sus ojos, formaban un eco que hizo más prolongado ese grito.

Hoy me dieron ganas de gritar así, pero al contrario, me quedé muda. Lo voy a extrañar mucho.

Ivana Vollaro (artista)

Caminó entre nosotros un Gigante

CASA DE LAS CULTURAS - GUIA JUAN CARLOS ROMERO 4CASA DE LAS CULTURAS - GUIA JUAN CARLOS ROMERO 3
Tuvimos la suerte de que a Juan Carlos le gustaba andar y andar; es por eso que vino varias veces a Resistencia. Primero al Encuentro Nacional de Grabado de 1997, luego a presentar muestras, acciones y a compartir saberes. Como maestro tuvo una fecunda correspondencia electrónica con los resistencianos ya que fueron numerosas las actividades que realizó en nuestra ciudad.
Para la inauguración de Casa de las Culturas, en el 2011, se montó una muestra junto a León Ferrari con ella se abrió la nueva sede del Museo de Bellas Artes de Resistencia. Luego presentaciones del libro junto a Fernando Davis e inmediatamente los talleres y recorridos por Resistencia.
En una de esas recorridas una tarde que caminábamos bajo un cielo azul de 40ºC yéndonos al CE CU BA, un centro cultural que ocupa una centro comercial abandonado en la periferia de Resistencia. Allí Juan Carlos iba a dar un taller y conocer a los artistas del barrio en el último rincón de la defensa de la ciudad, allí casi sobre la laguna, allí donde casi no hay mapa, allí estuvo contando historias de intervenciones gráficas, de poesía visual, de andanzas por otras ciudades entre Vigos y Pazos y Escombros.
Y así caminó entre nosotros un gigante generoso que alentó a muchos a seguir andando por las urbes con mapas y sin él.
En una próxima acción nos veremos, buen viaje y hasta pronto querido Juan Carlos Romero.

Leo Ramos (artista)

Solidarios

Frente a la desaparición temporal que se inventó Romero, los Artistas Solidarios comparten una imagen de la última intervención realizada durante la marcha del 24 de marzo 2017 en Avenida de mayo al 1200, Buenos Aires.
IMG_3617
Artistas Solidarios
(Juan Carlos Romero, Ana Maldonado, Javier del Olmo, Cristina Piffer, Hugo Vidal)

Capture d_écran 2017-04-26 à 22.47.11

Ciertamente, Juan Carlos es -y ha sido desde siempre- un artista fundamental y fundacional, de aquellos pocos cuya obra le suscita epifanías tanto a espectadores como a otros artistas. Supe de él desde que los días de Srte Gráfico-Grupo Buenos Aires y le conocí cuando coincidimos en alguno de los proyectos de Jorge Glusberg y alcanzamos mayor proximidad a través de Edgardo Antonio Vigo.

Felipe Ehrenberg (artista)

Querido Juan Carlos, nos hiciste salir a las calles de Santiago de Chile y también a las madrileñas de Lavapiés a empapelar muros; con tu callado humor, con la persistencia de tus tipografías y con el filo de la sencillez nos diste una lección de vida; quedan aún muchos muros y ciudades aguardando tus afiches y queremos caminarlas contigo.

Joaquín Barriendos

1976-2010La potencia y singularidad de ciertos agentes es y será, para muchos de nosotros, un verdadero tesoro. Mantenerse activo, critico y lúcido en la vida a través de los años es uno de los mejores ejercicios de resistencia. 

Sol Henaro

Desde aquella vez que estuve en su apartamento en Buenos Aires, con esa biblioteca y archivo tan increíble, no he hecho más que intentar, en la medida de mis posibilidades, seguir sus pasos. Esa breve tarde en casa de Juan Carlos, con sus maravillosos libros de grabados, revistas de vanguardia, fotolibros, afiches y máscaras tradicionales, fue tal vez el episodio que más me marcó durante esa época. Era la primera vez que viajaba fuera de mi país, y conocer Buenos Aires, y conocer su trabajo, como archivista y como artista, dejó una huella imborrable en mi. Todavía recuerdo la jornada de pegar el afiche se Todos somos negros, en La Plata; o los grabados que nos obsequió en Santiago, que conservo en la sala de mi apartamento en Bogotá. Gracias a su trabajo inspirador, hoy estoy intentando seguir sus pasos en Bogotá. El mundo ha sido un lugar más bello gracias a él.

Halim Badawi (investigador)

Capture d_écran 2017-04-30 à 07.25.04

Instalación gráfica en el espacio Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino y en el MACRO Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (provincia de Santa Fe), 2007

Los contactos que hemos tenido han sido muy ricos y tengo muy presente su mirada y su interes en lo que le rodeaba y en mis trabajos. Le agradezco su recibimiento grande en su casa, su pensamiento y su corazon.

Elena Lucca (artista)

Romero fará muita falta…

Cristina Freire (investigadora)

Siento un gran orgullo por el compañero que parte. Fue maravilloso conocer a Juan Carlos. Su recuerdo siempre será un gran estímulo para seguir peleandola. Hasta siempre, hermano.

Jaime Vindel (investigador)

El cariño, la fuerza política y la presteza de Juan Carlos estarán siempre vivos. 

Fernánda Nogueira (investigadora)

Capture d_écran 2017-05-01 à 04.53.35

La desaparición, montaje de la instalación gráfica en la 7º Bienal de La Habana, 2000

Tristeza infinita por su partida física y certeza absoluta de su presencia en todos los espacios que habitó y construyó. Romero fue y será un imprescindible. 

Magdalena Perez Balbi (investigadora)

 

Recordamos con mucho afecto y agradecimiento todas sus enseñanzas y su claro espíritu provocador.

En este momento, todos somos Juan Carlos

María Clara Cortés (investigadora)

Homenaje a Juan Carlos Romero por Hortência, clara, Alexis, Juliana, Renato y Juninho en las calles de Jacui y Guajajaras y en la Estación Central del metro en Belo Horizonte

 

Intervención Todos somos negros, Juan Carlos Romero + RedCsur,  Madrid, 2010

Registro de exposiciones de  Juan Carlos Romero

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s