¡No temer al mundo! Enfrentarlo para crear otros mundos

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Boceto de póster del artista argentino Juan Carlos Romero dando inicio a esta campaña

El día 31 de agosto del 2016, con la consumación de un golpe que retira a Dilma Rousseff de la presidencia del Brasil, las fuerzas elitistas, conservadoras y corruptas retoman el poder en el país. La normalización del golpe, a través de narrativas que lo llaman impeachment, intenta ocultar las nefastas dinámicas que lo consolidan. Nos posicionamos aquí en contra de ese eufemismo, e insistimos: ¡Es un golpe de Estado!

Nos situamos junto a quienes denuncian que ésta es una nueva modalidad de golpe : parlamentario, jurídico y mediático. Hay diferencias entre éste y los golpes militares ocurridos en América Latina en décadas pasadas que se caracterizaron por el uso de la fuerza de las armas para tomar e imponer el poder. La modalidad actual utiliza, en cambio, la fuerza del deseo de masas, manipulándolo a través de los medios de comunicación que propagan la narrativa ficticia de una crisis de consecuencias incontrolables, y que movilizan el miedo y nos fragilizan. La imagen de la crisis es acompañada por la figura de un chivo expiatorio protagonizada por la presidenta Dilma, su partido, el PT, y sobretodo su líder, el ex-presidente Lula. Sobre ellos se proyecta la causa de la crisis. La ficción y su personaje principal se construyen con informaciones seleccionadas por el poder judicial, a partir de investigaciones policiales, con el fin de darles una máscara de credibilidad. Poco a poco, la ficción va siendo adoptada por la población y se asume como verdad, ofreciendo un remedio para aliviar el miedo y la fragilidad : la destrucción del chivo expiatorio. El Parlamento entra en acción para dar el golpe en el momento en que esta tendencia se vuelve mayoritaria, lo que garantiza su supuesta legalidad democrática. Vale decir que la sustitución de la fuerza de las armas por la fuerza del deseo es una necesidad del capitalismo financiero para el que las dictaduras militares serían un estorbo en su libre circulación. El nuevo régimen capitalista necesita de un estado mínimo y flexible, un estado neoliberal, que remate el patrimonio económico del país y deje paso libre para que el capital internacional interfiera y se apodere de la economía local — cuyas metas incluyen, entre otras, la precarización del trabajo como forma de acumulación exhorbitante, que no es más que la versión actualizada de la acumulación primitiva generada por el trabajo esclavo. Basta constatar que, a pesar de que las medidas del gobierno de Dilma beneficiaron claramente al empresariado (nunca los bancos se enriquecieron tanto), éste participó activamente en la construcción del golpe. Sin embargo, es necesario señalar que el nuevo procedimiento del poder capitalista no elimina el antiguo procedimiento de la fuerza militar represiva – residuo activo de las dictaduras en América Latina – sino que lo suma. La violencia directa es sistemática en el proceso de implementación del capitalismo financiero. Las armas son utilizadas en muchas facetas del poder militar: en las periferias, siempre disparando y matando, las armas suelen tener en la mira a la población negra, ellas funcionan también como instrumento de represión en las calles, en los movimientos contra el golpe mediante la extrema violencia de una policía entrenada, actualmente, por el ejército con estrategias y tecnologías renovadas. Es decir, el libre flujo de capital financiero no depende sólo de estados neoliberales, también recurre a la fuerza de las armas en los países pobres y en las periferias, para mantenerlos como fuente de máxima extracción de plusvalía y evitar su rebeldía; así como para mantener “limpias” y “seguras” las áreas que dominan el acceso a la circulación del capital. Sólo para citar dos ejemplos, recordemos, por un lado, las armas estadounidenses, europeas y rusas bombardeando intermitentemente Siria y otros países, generando hordas de migrantes y otras formas de muerte. Por otro lado, sabemos que son cotidianos los “golpes” en las periferias de varios países de América Latina y, en muchos casos, los derechos y recursos nunca llegan.

El nuevo tipo de golpe parlamentario, jurídico y mediático fue aplicado anteriormente en Honduras (2009) y en Paraguay (2012). Del mismo modo que en Brasil hoy, la apariencia constitucional encubrió, en esos casos, la ruptura democrática; el mismo método está siendo adoptado, paulatinamente, en otros países de América Latina, preparando el terreno para próximos golpes. En Brasil, el “juicio” parlamentario que retira Dilma de la Presidencia de la República, ocurre a partir de acusaciones jurídicamente inconsistentes, sin comprobación del crimen de responsabilidad, tal como es previsto en la Constitución brasileña de 1988. En mayor o menor medida, los ministros del Supremo Tribunal Federal actuaron de forma partidaria, lo que debilitó el sistema presidencialista del país –que tiene por base un equilibrio de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. La evidente falta de legitimidad ha creado un vacío institucional propicio para las fuerzas conservadoras, dando cada vez más espacio al autoritarismo moralista, a la intolerancia hacia las minorías y a la cancelación, a través del monopolio de los grandes medios de comunicación, de cualquier contra-información, a medida quelas manifestaciones de resistencia y los medios alternativos no dejan de crecer intentando revertir la sistemática invisibilización de las manifestaciones de resistencia, así como de las posiciones que difieren de las narraciones ficticias dominantes. Pero sobre todo: se juzga sin pruebas, basándose apenas en lo que se se acuerda en llamar ”convicciones”, que no son más que manifestaciones de la misma ideología que dio origen a la ficción creada para legitimar el golpe — la ideología del capitalismo neoliberal. Este es, por lo tanto —y sobre todo— un golpe del capitalismo financiero en su poder internacional que coloniza ahora el planeta en su conjunto.

Solo a través del mecanismo de elección indirecta —eso es lo que significa el supuesto impeachment— Michel Temer pudo llegar a ser Ppresidente de la República. Y con la misma falta de legitimidad, compuso el Ministerio más machista, ignorante y conservador desde la dictadura militar brasileña, formado únicamente por hombres y blancos, gran parte de ellos, envueltos, además, en juicios por corrupción. El primer día de su gobierno ilegítimo, con el mismo autoritarismo estratégico, Temer decreta la clausura de los Ministerios de las Mujeres, de la Igualdad Racial y de los Derechos Humanos, también excluyó y fusionó otros ministerios y sustituyó a 6 miembros de los 16 que conformaban la Comisión de la Amnistía del Ministerio de Justicia, integrando 20 nuevos miembros entre los que se encuentran militares que participaron en la dictadura del país. Entre los nuevos ministros, nombra a Alexandre de Moraes justamente para el Ministerio de Justicia, ex-secretario de Seguridad de San Pablo, conocido por la gestión más violenta y represiva de las manifestaciones contestatarias de las políticas neoliberales y acusado de corrupción en el manejo de las meriendas de las escuelas públicas, lo que provocó la reacción de los estudiantes de escuelas secundarias que realizaron uno de los movimientos más poderosos de resistencia, en el estado actual de cosas.

Una vez más, el golpe en Brasil favorece la concentración de ingresos, el enriquecimiento personal corrupto y responde a intereses de un sistema anti-democrático, de opresión a las clases más pobres así como a diversas minorías y de una total ausencia de respeto a la premisa más básica de la democracia: la elección de Dilma Rousseff en las elecciones presidenciales de 2014, por voto directo de brasileñas y brasileños.

¿Qué hacer?

Este tipo de reacción autoritaria y corrupta se da en estrecha relación con el recrudecimiento del plan neoliberal y el incremento de la derecha en el continente, junto con su brutal conservadurismo. Las élites no soportan la ampliación del acceso público a la educación y la salida de la miseria de miles de personas; estos hechos traen consigo un fantasma de amenaza de pérdida del poder simbólico y territorial de esas élites. Por otro lado, en el curso de los últimos años hemos visto la emergencia de varios frentes partidarios de izquierda, movimientos sociales, luchas de minorías, grupos precarios auto-organizados, entre otros, que son atacados por ideologías de derecha, ideologías que no soportan la emergencia de nuevas subjetividades políticas y lo sienten como una amenaza de desmoronamiento de su mundo.

De esta manera, el duelo se configura entre la consolidación del plan neoliberal, marcado por la minimización del estado de bienestar social y las políticas de resistencia que pretenden garantizar derechos básicos, reafirmando una democracia que permita el acceso a los bienes comunes materiales e inmateriales. Nos posicionamos en las izquierdas, y asumimos la resistencia como un movimiento constante. Seguiremos resistiendo a las opresiones históricas, y a las nuevas olas violentas del neoliberalismo.

Frente a este escenario, reconocemos también los límites y contradicciones de las izquierdas institucionales en Brasil y en el continente. Considerarlas sólo víctimasde las maniobras de las fuerzas que derrocaron del poder es, por lo menos, una visión simplista. Muchos partidos no han sido capaces hasta la fecha de romper con las dinámicas que favorecen la concentración de poder, al hacer alianzas equivocadas y transitar por las vías de la institucionalidad “democrática” propias del neoliberalismo y de tradiciones de comportamiento político de origen colonial, sin encarnar demandas más radicales de transformación. Es necesario que esos partidos hagan una revisión profunda de sus historias y de sus acciones, de sus errores y aciertos. Sin embargo, más allá de ellos, nos corresponde a nosotros pensar en formas del hacer político que rompan los límites de la izquierda tradicional; pensando por ejemplo, otras maneras de conducir el Estado, sin que se limiten a él; formas que sean el resultado de una “sociedad en movimiento” y que no se reduzcan a “movimientos sociales” que toman al Estado por blanco principal.

El rápido y brutal giro a la derecha que está teniendo lugar hoy en América Latina – luego de un ciclo de importantes reformas y conquistas sociales – se da a través de la “doctrina del shock y del miedo” [shock and awe] (Klein, 2007). Es así que se hace necesario un grito de conjuro contra los efectos sobre nuestros cuerpos de esa doctrina del shock y del miedo aplicada en nuestro continente desde los golpes de Estado de los años 1960/70 y basada en la ejecución de una serie de acciones rápidas, violentas, avasalladoras, desproporcionadas e inesperadas, para paralizar la comprensión del adversario y destruir su voluntad de lucha.

“FORA TEMER!” se clama hoy y, cada vez con más fuerza, en las calles de Brasil. “Fora Temer!” significa también “Fuera el temor!” Con ese grito decimos que de ninguna manera vamos a permitir el retorno del coronelismo, del elitismo y de los diversos microfascismos que se vienen consolidando como respuesta directa a la emergencia de las nuevas subjetividades políticas, fortalecidas a partir de las políticas públicas de emergencia y de acciones en resonancia a demandas sociales establecidas por gobiernos reparadores de los efectos de siglos de colonialismo en el continente, todavía de manera incipiente. El desafío está en el horizonte de las resistencias a la tradición colonial-esclavista, presente en la existencia individual y colectiva de nuestro continente, y de nuevas formas de composición política.

Convocatoria “¡FUERA TEMER! ¡FUERA EL TEMOR!”

Desde la Red Conceptualismos del Sur, convocamos a una campaña de acción gráfica internacional por una democracia plena y radical, por la justicia, por la protección, manutención y ampliación de los derechos. Esta es una convocatoria por la libre expresión tanto de las dudas como de los deseos, tanto de los miedos como del coraje, tanto de la inmobilización como de la imaginación creadora. Un acto de solidaridad, con propuestas de lucha estratégica, de encuentros, formas de ser y hacer que reverberen las voces que resisten a este estado de cosas de manera más fuerte que el ruido ensordecedor de los medios masivos de comunicación y la anestesia que producen a su alrededor. (Envíos de producciones gráficas: redcsur@gmail.com)

Perplejos frente a esta repetición nefasta de la irrupción de fuerzas antidemocráticas, una vez más en 2016, tenemos que decir alto y claro: ¡Fuera el temor! —es la condición para que el grito ¡Fuera Temer! Pueda materializarse en acciones de transformación efectiva.