Llamamiento a una experiencia y su archivo

Sobre la exposición “Poner el cuerpo. Llamamientos de arte y política en los años ochenta en América latina”

Javiera Manzi y Paulina E. Varas[1]

Nos proponemos relatar una experiencia que mantuvo a un grupo de personas entramadas por un período de tiempo en la tarea común de problematizar desde este momento en que vivimos, cómo las prácticas, acciones y discursos críticos de los ochentas latinoamericanos, interpelan y remueven nuestro presente. Lo primero entonces fue “poner el cuerpo”. Y desde esa primera certeza, la lista por venir: imaginar un grupo, reunirnos, hablar, invitar a otros, a otras, escucharnos y escribir. Todo comenzó con un llamamiento, aquella figura tan propia y necesaria de posicionamientos colectivos en los sesentas, setentas y, por cierto, en los ochentas, nos parecía la mejor manera de concebir la urgencia de convocar y encontrarnos, la necesidad de construir cuerpo colectivo, organizarnos y actuar.

Hicimos el llamado y comenzamos a pensar en conjunto cómo articular algunas nociones comunes: experiencia, registro y archivo, los registros de la experiencia, la experiencia de archivos y todas las combinaciones posibles y necesarias entre estos conceptos y sus posibles diferencias. Nos propusimos pensar en la potencia de aquellas diferencias, o más bien, en la relación entre lo que queda dentro y fuera de estas combinaciones, dentro y fuera del archivo, dentro y fuera de registro, dentro y fuera del museo. Alrededor nuestro, enmarcando estas conversaciones y ejercicios, un acervo de documentos y obras con los que el diálogo se expandía hacia otros agentes y temporalidades. Entonces se abren más preguntas ¿qué podría ser todavía una experiencia en la relación entre arte y política?, ¿cuáles han sido las líneas de continuidad y ruptura desde los ochenta hasta nuestros días?, ¿qué lugar tiene un arte del cuerpo en un país de cuerpos desaparecidos?

La exposición Poner el cuerpo. Llamamientos de arte y política en los años ochenta en América Latina fue exhibida en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende[2] entre abril y agosto de 2016 e incluyó un seminario público con invitados e invitadas internacionales, además de la residencia de investigación. La exposición fue concebida como la activación local de la investigación curatorial realizada por la Red de Conceptualismos del Sur para la exposición Perder la forma humana. Una imagen sísmica de los años ochenta en América Latina (2012) en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Esta muestra pretendió otorgar visibilidad a episodios que plantearon formas de resistencia política alejadas de los cauces de la militancia tradicional, habitando espacios ajenos a la institución artística y generando redes traducidas en lazos afectivos. La imagen que la exposición tramó de los ochenta latinoamericanos no pretendía ser panorámica ni representativa, sino que se articuló como un esbozo posible de las transformaciones, irrupciones y tensiones históricas, artísticas y políticas que atravesaron esa época. La alusión a su carácter sísmico es una metáfora sobre el ejercicio de generar una imagen de esta década en la que confluyen múltiples temporalidades en conflicto en un periodo marcado por el autoritarismo, la violencia estatal y el auge del neoliberalismo.

Tras la exhibición de esta muestra en Madrid, y su posterior itinerancia por el Museo de Arte de Lima, y el Centro de Arte Contemporáneo del MUNTREF de Buenos Aires, como integrantes de la RedCSur nos interesaba no sólo trasladar a Chile esta exposición, sino más ampliamente, hacer de su itinerancia un ejercicio situado. Una versión acotada que incluyese una mirada intensiva del contexto local, y que a su vez fuese abriendo nuevas líneas de investigación, entramados cómplices y próximos puntos de fuga. Un elemento que se incorpora en esta muestra fue la experiencia de las coordinadoras culturales que desde 1978 hasta el cese pactado de la dictadura cívico militar gestaron redes de colaboración, complicidad, creación y discusión crítica. Nos parece que la trayectoria y potencias de estas instancias de coordinación que dieron forma a la UNAC (Unión Nacional por la Cultura), al Coordinador Cultural y la CGA (Coordinadora de Gremios del Arte), siguen siendo un capítulo invisibilizado por las escrituras del periodo.. En especial, porque su recorrido y activación desborda el campo artístico enlazando también a trabajadores culturales, sindicatos, pobladoras/es, militantes y agrupaciones de DDHH. El espacio central de la exposición lo componía precisamente un gran diagrama abierto desplegado en los muros donde estaban trazados los cruces y vínculos de distintas organizaciones con las coordinadoras culturales, realizado a partir de la investigación preliminar cursada junto a Nicole Cristi e Isidro Parraguez. Junto a este muro, documentos, audios, afiches y videos inéditos vinculados a estas coordinadoras y dispuestos para el estudio abierto. 

Pensamos que la exposición debía desbordar los límites del Museo para entablar otras formas de relacionarse con la esfera pública y desde allí imaginamos una “Residencia de Investigación” en colaboración con el equipo de la Revista Punto de Fuga. Para ello realizamos una convocatoria a estudiantes, educadores/as, investigadores/as independientes, historiadores/as, creadores/as, activistas, cientistas sociales, pensadores/as y trabajadores/as de la cultura a este proceso de investigación y reflexión colectiva en torno a las experiencias de distintas organizaciones políticas-culturales que tuvieron lugar en Chile en los años ochenta durante la dictadura cívico-militar. El espacio central de la exposición pasó a ser el espacio de trabajo y activación donde dispusimos archivadores con documentos provenientes de distintos archivos[3] sobre las redes de colaboración, documentos programáticos, llamamientos y convocatorias múltiples de estos distintos grupos implicados en los procesos de restitución democrática en Chile. La propuesta fue indagar en aquel material y elaborar diversas maneras de interpretar, comunicar, analizar y agenciar el contenido de dichos documentos. Así, contra la idea establecida de que durante la dictadura se vivió en un descampado cultural (“apagón cultural”) de disputas indisolubles entre escenas, brigadas, y talleres, hicimos este llamamiento a indagar en estas otras historias y memorias que no han sido visibilizadas y que, desde ese futuro democrático que se pensó hace treinta años, sin duda ayudarían a imaginar otros futuros en las luchas políticas y culturales del presente.

A la convocatoria respondieron alrededor de 40 personas, de las cuales participaron 25 con cierta regularidad. La residencia se extendió por los meses en que estuvo montada la exposición. Durante este periodo, los participantes tuvieron acceso gratuito al Museo con el fin de que pudiesen hacer uso del espacio de trabajo en los horarios que determinaran y participar en las reuniones generales que organizamos con invitados. Al finalizar la residencia pedimos a quienes participaron que pudieran socializar su trabajo con el resto para la futura (presente) edición de estos contenidos.

Las sesiones de la residencia comenzaron con una conversación con tres investigadores e integrantes de la Red: Ana Longoni, Fernanda Carvajal y André Mesquita, quienes habían sido invitados al seminario internacional “Futuros progresivos y resonancia crítica de los ochenta” que organizamos en el contexto de la exposición con apoyo de la Ffai[4]. Esta instancia marcó para el grupo un primer momento de socialización de intereses y expuso un diálogo con investigadores/as que habían abordado temas de la exposición que eran vitales para comprender la propuesta de Perder la forma humana A partir de esta experiencia, los participantes comenzaron a realizar cruces entre los contenidos de la exposición y sus investigaciones/creaciones personales. Le siguieron a esta, dos instancias de conversación, con figuras emblemáticas que transitaron y conformaron distintos espacios colectivos en la transición setenta – ochentas: Virginia Errázuriz[5] y Patricio Rueda[6]. Tanto Virginia como Patricio fueron invitados a intervenir el diagrama: rallarlo, escribir nuevos nombres y fechas con el fin de alterar la imagen estática exhibida, de abrirla, de hacerla proceso. Aquellas marcas fueron dejando la huella de estas jornadas, los rastros de un proceso de investigación en curso, de un espacio de/en trabajo constante. Luego de ello, se realizó un segundo seminario abierto “Hacer política con nada. Vigencia y memoria de la resistencia gráfica en tiempos de movilización”[7] que abrió paso a debates implicados con el contexto de luchas estudiantiles de aquel año. Tras estos encuentros, las conversaciones se fueron multiplicando, reuniones generales siguieron sucediendo dirigidas a acompañar el momento de escritura y creación desde la residencia. El último encuentro fue realizado fuera del museo, en el Centro Social y Librería Proyección en Santiago donde se convocó a una jornada de cierre en la que varios/as leyeron sus textos y otras compartieron el proceso y obra producida en el marco de la residencia. Esta última instancia, íntima, reflexiva y sumamente afectiva marcó el fin de meses de residencia de investigación.

Nos complace enormemente presentar los escritos y obras reunidas en esta publicación y  sabernos parte de un proceso que no habría sido posible sin el compromiso, entusiasmo y dedicación de un grupo expansivo. Agradecemos en especial a Fernando García, Catherina Campillay, Gastón Muñoz y Antonia Sierralta del equipo de la Revista Punto de Fuga, en aquel momento, a las y los residentes: Mane Adaros, Tania Medalla, David Arancibia, Daniela Pizarro, Héctor Hernández Montecinos, Raiza Calvacanti, Luna Acosta, Andrés Soto, Samuel Espíndola, Javier Melo, Javiera Zambrano, Joseline Ferrada y todas y todos quienes, sin llegar a una obra o escrito final, participaron del proceso. Agradecemos al grupo de investigadores y artistas vinculados de la Red de Conceptualismos del Sur quienes fueron nuestros interlocutores y cómplices en el arrojo de hacer posible esta itinerancia deslocalizada en Chile. Para cerrar también quisiéramos agradecer al equipo del Museo de la Solidaridad Salvador Allende por su colaboración permanente y responsable con la exposición y programación de “Poner el Cuerpo” y a las y los artistas que facilitaron generosamente sus obras y archivos para su muestra y activación.


[1] Este texto fue editado para la revista “punto de fuga” cuyo numero 19 fue dedicado a los resultados de la Residencia de investigación que se realizó para la exposición “Poner el cuerpo. Llamamientos de arte y política en los años ochenta en América latina”

[2] El proyecto fue realizado gracias al apoyo del FONDART, la Foundation for Arts Initiatives (Ffai), la Red Conceptualismos del Sur (RedCSur) y el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (MSSA). Agradecemos el apoyo de todo el equipo del Museo con quienes trabajamos varios aspectos de la exposición.

[3] Los documentos provenían del “Archivo memoria de la resistencia” del Centro Cultural Tallersol dirigido por Antonio Kadima y los archivos personales de Virginia Errázuriz y Luz Donoso.

[4] En este seminario participaron: Ana Longoni (RCS), Fernanda Carvajal (RCS), André Mesquita (RCS), Isabel García (RCS), Felipe Rivas (CUDS), Paulina E. Varas (RCS), Alberto Díaz Parra (APJ), Antonio Kadima (Tallersol), Alfredo Márquez (Taller NN), Kena Lorenzini, Havilio Pérez (APJ), Patricio Rueda (APJ), Javiera Manzi (RCS) y Virginia Errazuriz (TAV).

[5] Artista y docente, una de las directoras de la UNAC (Unión Nacional por la Cultura) y fundadoras del TAV (Taller de Artes Visuales)

[6] Artista y docente integrante de la APJ (Agrupación de Plásticos Jóvenes), Luger de Luxe, El Piano de Ramón Carnicer y los Ánjeles Negros

[7] En este seminario participaron Isidro Parraguez, Nicole Cristi, Havilio Pérez (APJ), Hugo Sepúlveda (APJ), Cesar Vallejos (TSI) y Javiera Manzi.

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